19 mayo 2016

Bondi

Escenas askerinas 


Pasaba R. de paseo con un paciente de alhzéimer y no se distinguían.

Una niña de diez años pasa en bicicleta, viene de la escuela, lleva un bigote negro pintado como si fuera lo más natural del mundo.

Una señora muy fea habla con el móvil apoyado en la frente.

Una adolescente en pantalones blancos pasa comiendo un plátano.

Chicos jóvenes con moño atrás.

Mucha juventud con cara de no haber echado todavía el primer polvo primaveral.

A una anciana que no debe de hablar con nadie durante todo el año la saluda un joven que parece conocer y ella le contesta sin mirarlo.

Iba con Á. de compras por Meny y nos encontramos con M.B., una artista famosa de Noruega amiga mía, y se la presenté, y se puso a gritar de alegría porque era su artista favorita de la infancia.

Pasa un perro con un ciego y cuatro cosovares que toman un café en la terraza se quedan asustados mirando hasta que desaparecen en el túnel peatonal.

Pasa un viejo que el año pasado parecía que estaba muerto, vivo.

Pasa un viejo de casi dos metros con rulator, pañal y comiendo un helado.

Uno que trabaja donde yo me pide que le aconseje una marca de coche porque va a comprar uno. Lo miro serio y le digo, un Ferrari. Se me queda mirando con cara de no entender. Le pregunto si no conoce esa marca y me contesta que no.

17 mayo 2016

Café en el Venecia




PROYECTO DE TATUAJE


El canto de tu flor abre una brecha
en un surco de piel húmedo y terso
que florece a la luz, febril reverso
de la traca final que nos acecha.
Tras el velo que rasga la cuchilla
homicida del tiempo, tu cintura
rescata su tesoro de su usura
y desvela una cúspide amarilla.
Tu diente de león tatuado asoma
de la bifurcación de la ladera
meciéndose al compás de la cadera
mientras un colibrí lame tu loma. 
El tallo que destila y que se liba
con hilos transparentes de saliva.



15 mayo 2016

Cortado en el Venecia




DESPEDIDA


Lejos de tus espasmos, mi camino 
me ha llevado derecho hacia el abismo
y mi vida transita sin destino,
como el mundo después de un cataclismo.
Tus dedos no descorren ya el tupido
velo tras del que gime desolado
el cáliz sin libar. Alto y herido
aplaco mi dolor desconsolado.
Te tuve y ya no estás, dura y adentro
del aro desbordado de saliva;
tus labios incrustándose en mi centro,
anclados a mi mástil, boca arriba.
Perdido en el recuerdo de Colloto
regaré en soledad tu flor de loto.