19 mayo 2016

Bondi

Escenas askerinas 


Pasaba R. de paseo con un paciente de alhzéimer y no se distinguían.

Una niña de diez años pasa en bicicleta, viene de la escuela, lleva un bigote negro pintado como si fuera lo más natural del mundo.

Una señora muy fea habla con el móvil apoyado en la frente.

Una adolescente en pantalones blancos pasa comiendo un plátano.

Chicos jóvenes con moño atrás.

Mucha juventud con cara de no haber echado todavía el primer polvo primaveral.

A una anciana que no debe de hablar con nadie durante todo el año la saluda un joven que parece conocer y ella le contesta sin mirarlo.

Iba con Á. de compras por Meny y nos encontramos con M.B., una artista famosa de Noruega amiga mía, y se la presenté, y se puso a gritar de alegría porque era su artista favorita de la infancia.

Pasa un perro con un ciego y cuatro cosovares que toman un café en la terraza se quedan asustados mirando hasta que desaparecen en el túnel peatonal.

Pasa un viejo que el año pasado parecía que estaba muerto, vivo.

Pasa un viejo de casi dos metros con rulator, pañal y comiendo un helado.

Uno que trabaja donde yo me pide que le aconseje una marca de coche porque va a comprar uno. Lo miro serio y le digo, un Ferrari. Se me queda mirando con cara de no entender. Le pregunto si no conoce esa marca y me contesta que no.